viernes, 14 de diciembre de 2007

Flores


“No regalen flores en mi funeral, ni las lleven a mi tumba cuando ya esté muerta ...”, “las flores se regalan cuando las personas estén vivas por que nos dan alegría y traen gratos recuerdos quienes las regalaron”...

Ese era el pensamiento de mi abuelita , la misma que me daba galletas cuando era pequeña y quien me tejía pantuflas para el invierno. Hace más de un año que estaba postrada en su cama y no podía salir admirar las flores del jardín, por lo cual cada vez que viajaba, compraba un ramo de flores naturales para regalarle.

Los viajes no eran muy frecuentes y ella se quejaba de que las flores no duraban lo suficiente hasta mi siguiente visita. Pensando en eso, procuré para Navidad regalarle más que una docena de rosas compradas.

Desde mucho antes me preparé y con ayuda de mi futuro esposo, conseguimos crear con unos pliegos de papel ingres, un poco de alambre y cinta para flores , un ramo de rosas que no se marchitarían nunca.

Cada Kawasaki que plegaba (flor, hojas o tallo), lo hacía pensando en que estas flores no se marchitarían y estarían junto a ella cuando yo no lo estuviera. El día que se las regalé, estaba tan sorprendida que en un primer momento penso que eran reales, luego le expliqué que estaban echas con papel y mucho amor.

Hoy, en el florero de su dormitorio solo se cuentan once flores, la número doce se encuentra con ella, está sobre su ataúd para que cuando despierte sea lo primero que vea y sepa que como esa flor que nunca se marchitará, su recuerdo esta y estará siempre con nosotros.

Marisol Ahumada

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